Cada vez es más frecuente y habitual enterarnos de lo que pasa en nuestro entorno y en los más remotos lugares a través de las redes sociales. No importa el nombre de la red, cuando algo se “viraliza” inunda el mundo digital y casi que es imposible ignorar esos contenidos o abstraerse de ellos.

Narradora: Ariadne Villota Ospina

Lamentablemente la mayoría de esas “noticias” o “eventos” que suceden y que la gente se apresura en publicar, tienen que ver con hechos trágicos, fatales o violentos.

Parece que hay un gusto, una ansiedad por compartir en redes eso que por azar o por una situación específica te lleva a estar en el momento en que algo sucede…un accidente, un atentado, una pelea, una confrontación…entonces la respuesta automática es sacar el celular, grabar y publicar…así, sin filtro, sin moderación, sin ni siquiera pensarlo…

Estos contenidos grabados “en crudo” se inspiran en “las primicias” de los medios. Todos quieren ser los primeros en publicar y en viralizar, sin importar lo que se está mostrando. Entre más crudo mejor, parece ser la consigna. Entonces vemos en esos videos a los muertos en primeros planos, o a las personas heridas sufriendo sin ser auxiliadas, o incluso a quienes agonizan ante un indolente videógrafo…vemos mutilaciones, cuerpos que sangran y hasta personas moribundas o en shock que gritan de dolor.

Esas imágenes y videos son divulgados y compartidos sin que medie la más mínima reflexión personal o colectiva. Incluso, muchas veces esas grabaciones realizadas por los ciudadanos son utilizadas por los periodistas y editores de medios masivos para replicar a mayor escala, aumentando la visualización de este contenido con el objetivo de generar “likes” e interacciones llegando a más audiencia.

Claro que el morbo juega un papel importante. Todos quieren ver el detalle de lo ocurrido, quién murió, quién quedó herido, cómo quedó el cuerpo, dónde fue…y parece que nos olvidamos del drama que hay detrás de cada hecho. Los protagonistas de esas historias ya sean víctimas o victimarios, son seres humanos y no se nos debe olvidar. Son personas con familias, con vidas propias, con sentimientos…

¿Se imaginan lo duro que debe ser para alguien darse cuenta de la muerte, accidente, robo o hecho trágico de un familiar a través de las redes? ¿ver al papá, la mamá, el hijo, el hermano o el tío golpeado, mutilado, herido, muerto? Cuánta indolencia hay en estas publicaciones.

No se necesita ser experto en medios digitales, ni psicólogo ni comunicador para entender el impacto que tienen esta clase de publicaciones a nivel personal y colectivo.

“La insoportable levedad del ser” de la que hablaba Kundera parece haber encontrado en las redes sociales el mejor caldo de cultivo.

La reflexión y la invitación es personal, en primera instancia. Reflexionemos antes de publicar, pensemos más allá del momento siendo empáticos y poniéndonos en el lugar del otro. El tema mediático es otro cuento: ¿periodistas y responsables de medios han analizado las implicaciones de esta clase de divulgación?

Que no se nos olvide que la vida no es solo eso que se publica. Que detrás del post, del reel o del video hay realidades, sentimientos, conflictos, dramas…hay mucho más de lo que se muestra (incluso cuando el tema es de aparente felicidad).

Que la vida virtual no nos arrebate la vida real.